AUTOR: Fernando J López
TÍTULO: El sonido de los cuerpos
EDITORIAL: Dosbigotes
LUGAR/FECHA: Madrid. Mayo de 2016
VALORACIÓN: [* * *]
Se dice en la contraportada que estamos antes una novela negra intimista y adictiva. No obstante, a mí me ha parecido un melodrama y, que conste, no lo digo de manera despectiva. El narrador nos sumerge hasta la saciedad en el interior de la mente de sus personajes, no da tregua ni respiro, de ahí lo de "intimista". Los personajes son intensos, psicológicamente intensos; nos plantean constantemente sus miedos, inseguridades o sus egoísmos, porque no hay que olvidar que el egoísmo está muy patente en los personajes que dibuja Fernando J López. No es descabellado afirmar que es una novela egocéntrica. Es una obra poliédrica en la que se van alternando los soliloquios de los personajes y sus breves diálogos. Personajes vivos (Mario, Alma, Cris y Saúl) y su relación con los muertos (Jorge, Dante, Kimya, Lumber...).
El punto de partida es sencilo: Jorge es un director de cine que no está atravesando uno de sus mejores momentos creativos. Se suicida (o lo asesinan) y su pareja, Mario, se queda absorto y roto tras el fallecimiento de Jorge. Una periodista (Alma) está investigando la muerte de Kimya, una adolecente transexual que ha venido a España, engañada por una red de prostitución. Alma relaciona no solo las muertes de Jorge y Kimya, sino también la de Hugo y Dante, que están conectados, a su vez, con Jorge. No soy un "spoiler" y no diré cómo avanza ni cómo acaba la novela.
La novela se estructura en cuatro partes perfectamente identificadas: "Obertura", "El ruido" (sin duda, la parte más extensa), "La música" y "El silencio" (a modo de conclusión o cierre). Internamente se divide en los soliloquios de cada personaje: "Mario", "Alma", "Cris", "Saúl"... y estos, a su vez, se estructuran en capítulos. Constantemente hay referencias a La Divina Comedia de Dante y al descenso a los infiernos. Es cierto que tras los distintos acontecimientos los personajes van conociendo detalles y datos sobre su entorno y paulatinamente se van desmoronando: ¿conocemos realmente a las personas que nos rodean?, ¿en qué grado somos importantes para ellos? Surgen los miedos, el problema social (el del rechazo y la aceptación de la homosexualidad, transexualidad o bisexualidad), ¿nos aburguesamos con el paso del tiempo?... No obstante, me habría gustado que el guiño con la obra dantesca fuera más evidente en lo que a la estructuración de la obra respecta. Podría haber jugado con el número nueve, en relación a los círculos del Infierno, o con el tres o treinta y tres (número de cantos del Infierno), pero esto es un problema mío, fruto de mi obsesión con las estructuras de las obras.
La obra está perfectamente hilvanada. Me ha gustado mucho la manera de estructurar la novela y el modo de administrar la información para ir avanzando poco a poco hasta el final.
Muy interesante la introspección psicológica de los personajes. Quizá he notado una cierta homogeneidad de registro. Los personajes suelen hablar con el mismo tono, empleando el mismo registro lingüístico e, incluso, las mismas metáforas. Habría sido más interesante dotar a cada personaje de su propio idiolecto, de sus propios rasgos lingüísticos y expresivos. La novela habría ganado más. Queda un poco monótona en este sentido.
Como ejemplo, extracto: "... una transición desde el dolor hacia otro lugar en que luchamos por reconstruirnos y donde cerrar los ojos no ayuda a que cicatricen las heridas." (pág. 61) propia del estilo de Mario, pero puesta en boca de Alma. Más chocante resulta el parlamento de Alma: "Se trata de que él ya no forma parte de ese concierto desde que rompió violentamente su partitura y te dejó sola con una responsabilidad que ha acabado abrasándote. Que aún hoy te quema." (pág. 254). Al fin y al cabo, Mario es músico.
Desde el principio de la novela, los juegos lingüísticos (metáforas, metonimias...) son propios de Mario, pero también son expresados en los mismos términos por Alma ("no cabe la calidez morfológica: tienes que desintoxicar las palabras de sus connotaciones cuando quieres dedicarte de verdad a esto") o Saúl. Los tres personajes (Mario, Alma y Saúl) emplean, con frecuencia, expresiones similares a lo largo de la novela. Aun así, están perfectamente caracterizados. Mi favorito es, sin duda, Alma. Evoluciona, conocemos la situación con su marido Gonzalo y con su hijo, también transexual, como Kimya. Se justifica su miedo y es, en mi opinión, la menos egoísta. Mario siempre está en tensión y he de reconocer que agota. Determinados parlamentos son, como decía un amigo, "umbilicales". No para de hablar sobre él mismo y se mira constantemente el ombligo... En algunos casos, sus palabras suenan forzadas y retóricas. Es un cansino de las emociones y no deja paso a la ironía o al sentido del humor. Es un poco "histérica" en un sentido almodovariano. Entiendo perfectamente que Jorge se haya distanciado de él. Me resulta, por momentos, insoportable. Hacía tiempo que un personajes no me provocaba tanta antipatía. De ahí mi admiración por Fernando J López.
Mi admiración también por hablar de un tema casi inexistente (o sin casi): la transexualidad. Nuestra sociedad debe mejorar en este sentido (y en muchos). Personalmente no hubiese dado una vuelta de tuerca a la historia de Diego. La habría dejado en un estadio anterior, pues ese avance añade más carga melodramática a la historia.
En general, un libro muy recomendable. Te mantiene interesado en la historia por la necesidad de saber qué es lo que ha ocurrido, cuál es la relación entre los muertos y los motivos de sus asesinatos. No obstante, me esperaba otro final.
¡Buena lectura!
MiguelShostak
Sobre el autor: http://fernandojlopez.es/
Sobre la editorial: http://www.dosbigotes.es/
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